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Diseño de proyectos efectivos: utilizar el conocimiento
Creatividad

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Innovación e ingeniosidad
La mayoría de los educadores coincidirá en que la creatividad es buena. Pero pocos docentes tienen una clara idea de qué apariencia tiene el trabajo creativo de los estudiantes, o qué pueden hacer para mejorar en ellos la creatividad. Afortunadamente, existe investigación que puede servir de apoyo en esta área. Todas las personas poseen creatividad en algún grado, y los docentes pueden emplear técnicas para ayudar a los estudiantes a llegar a ser más creativos.

De acuerdo con el investigador Robert Sterberg, la creatividad es la habilidad para producir trabajo que sea tanto novedoso como pertinente (cit. loc. Armstrong, 1998, p. 3). Personas altamente creativas, como Pablo Picasso o Albert Einstein, han cambiado la faz de las áreas en que han trabajado, debido a sus frescas perspectivas y originales ideas. No obstante, para el resto de nosotros, un pensamiento sería considerado creativo si es novedoso para quien lo produce, independientemente de cuántas personas hayan recreado esa idea (Nickerson, 2000, p. 394).

Los niños pueden ser creativos de muchas formas, al percibir nuevas relaciones que sorprenden a sus compañeros de clase y ahondar una discusión. Al dar un ejemplo, dar un contra-ejemplo, cuestionar, proponer una solución, crear nuevas relaciones, ofrecer contextos, inventar un problema, los estudiantes pueden usar su creatividad para enriquecer sus aprendizajes y el aprendizaje de otros (Daniel, Lafortune y Pallascio, 2003, p. 18).

La creatividad adquiere muchas formas en los niños; por ejemplo: el asombro de una niña de primer grado al agregarle el desenlace a un relato sobre sus animales disecados; el plan de un estudiante de quinto grado para compartir equitativamente los aparatos en el patio de juegos; el robot de un joven de la secundaria; y el método de un estudiante de Biología para reconstruir el hábitat de un ave local. Iniciativas creativas como estas benefician tanto a los individuos que las realizan, como a la sociedad que se nutre de ellas.

Ayudar a los estudiantes a desarrollar su creatividad es una meta digna de considerar, porque se contribuye a su superación personal. Un poema que solo es leído por el poeta, una idea para hacer más eficiente las tareas domésticas, una introspección en el mundo a nuestro alrededor, pueden no ser conocidos por nadie, pero todavía tienen el poder de hacer la vida más significativa y placentera. Amabile (1983) sostiene que cualquier persona con una inteligencia normal puede aspirar a ser creativa en alguna área. Además, todos nos beneficiamos del entusiasmo y el color (Nickerson, 1999, p. 400) que estas realizaciones creativas añaden a nuestras vidas.

A pesar de que el tener entusiasmo y color en nuestras vidas es una meta loable, la mayoría de nosotros vivimos en un mundo real, donde somos responsables de obtener diversos resultados con nuestros estudiantes. ¿Por qué preocuparse en mejorar la creatividad de los estudiantes, cuando el éxito se juzga sobre la base de un aprendizaje académico y calificaciones de exámenes? Sternberg y Lubart (1999) proporcionan noticias reconfortantes, pues afirman que, cuando se enseña y evalúa a los estudiantes creativos de forma tal que se aprecie su creatividad, también mejora su aprendizaje académico. De este modo, al enseñar para mejorar la creatividad, se puede lograr algo más que solo personas más felices y más productivas en la sociedad, pues también se consigue que los estudiantes mejoren sus calificaciones.

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