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Hacer buenas elecciones
La toma de decisiones es una destreza importante en la vida. Tomamos cientos de decisiones al día. La mayoría son triviales y no tienen un impacto duradero en nuestra vida, mientras que otras pueden cambiarla. Todos los educadores se esfuerzan en ayudar a los estudiantes a convertirse en personas que tomen buenas decisiones.
Marzano (2000) describe los pasos para una buena toma de decisiones:
- Piense en tantas alternativas como pueda.
- Piense en los puntos negativos y positivos de cada alternativa.
- Piense en la probabilidad de éxito de la mejor alternativa.
- Escoja la mejor alternativa, con base en el valor y probabilidad de éxito que esta le ofrece.
Tal vez, el paso más relevante en la toma de decisiones sea el primero: sugerir respuestas alternativas. Las personas frecuentemente fallan al considerar todas las alternativas posibles cuando contemplan una decisión. Piensan: Puedo hacer X o Y, pero no piensan que también podría haber una posible Z, o una A, o una B, o hasta una 1A o una 2B (Swartz, 2000). Las decisiones importantes rara vez son simples, y la mejor alternativa puede venir, solamente, después de una cuidadosa deliberación. La lluvia de ideas es una técnica para generar un gran número de respuestas alternativas para las decisiones.
Una vez recolectado un razonable grupo de alternativas, quienes toman buenas decisiones deben sopesar los beneficios y desventajas de cada una, para elegir de manera atinada. El conocimiento juega un destacado papel en este paso de la toma de decisiones. Tener información completa resulta esencial para tomar una buena decisión.
Los estudiantes inmaduros a menudo se concentran solo en consecuencias a corto plazo, y pueden fallar al estimar el efecto que sus decisiones tendrán en los demás. Otra característica de la naturaleza humana es el hecho de que, después de tomar una decisión que consideramos razonable, difícilmente tomaremos en cuenta seriamente alguna mejor que pueda llamar nuestra atención. De hecho, podríamos rehusar cualquier evidencia que no apoye nuestra decisión, aun cuando esta sea creíble (Langer, 1989). Como lo señala Swartz (2000) los compromisos prematuros son como fotografías en las cuales el contenido más que el movimiento está congelado (p. 55).
Enseñar a tomar decisiones
Tradicionalmente, muchos docentes afirman que enseñan a sus estudiantes a tomar decisiones cuando les plantean problemas de decisiones por resolver. No obstante, se ha descubierto que este método es el menos eficaz para ayudar a los estudiantes a aprender destrezas para la toma de buenas decisiones (Swartz, 2000).
Un aprendizaje efectivo para la toma de decisiones, involucra especificar una destreza por enfatizar en la actividad del aprendizaje o en la etapa de un proyecto. Diversas destrezas pueden resultar apropiadas, pero enseñar a profundidad una destreza a la vez, producirá los mejores resultados. Swartz recomienda formularles preguntas orales a los estudiantes cuando trabajan con decisiones, hacerlos trabajar en pequeños grupos, confeccionando organizadores gráficos que les sirva de guía en el proceso, y solicitarles que describan y reflexionen en sus estrategias durante la toma de decisión y luego de tomarla. Las destrezas enseñadas de esta manera, pueden transferirse a nuevas situaciones si, al enfrentar a los estudiantes con nuevas decisiones, se les recuerdan las estrategias ya estudiadas.
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